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viernes, 27 de mayo de 2022

 


CASA MEJICÚ, UN ESPACIO PARA EL ARTE Y ARTESANÍAS

Casa Mejicú es un espacio que tiene una colección innumerable de piezas artesanales mexicanas a la venta

Patricia Jiménez, directora general de Casa Mejicú recibió en sus instalaciones a la revista Xtrem Secure, a continuación, un extracto de lo que nos dijo.

Describir la tienda Casa Mejicú, es una experiencia que fascina hasta al más ecuánime. Visitar cada una de sus secciones en las que podemos observar lo mejor y más selecto del arte en decoración, regalos, muebles y artesanías, provoca la sensación de que en México podemos

estar orgullosos de la calidad, ingenio y creatividad que los artistas mexicanos plasman en cada uno de los productos que realizan.

La historia de la tienda, tiene sus orígenes en la ciudad de Oaxaca, cuando los señores Doña Manuela Hernández de Jiménez, Don Felipe Jiménez y Doña Victoria Gil establecen una alfarería en dicha ciudad en 1922, el hijo de los dos últimos, Don Jorge Jiménez Gil decide establecerse en la Ciudad de México para iniciar la comercialización de artesanía oaxaqueña en este territorio. Tal como él lo esperaba, los resultados fueron sumamente exitosos y decidió comprar varias bodegas en el centro de la ciudad, para afianzar su negocio.

Con el correr de los años, la visión del Sr. Jiménez le permitió darse cuenta que no era suficiente ofrecer sólo productos oaxaqueños a su clientela, por lo que inició un intenso recorrido por todos los rincones de México para buscar lo más selecto de la artesanía de cada uno de los estados del país y así poder ampliar el catálogo de productos que ofrecía a sus clientes.

CRECIMIENTO

Consolidado el negocio la familia Jiménez decide iniciar otra aventura más ambiciosa: venderles a las nacientes cadenas de autoservicio, que en los años 60´s iniciaban operaciones en el país. 

Debido a que el negocio continuaba experimentando un crecimiento ascendente, el Sr. Jorge Jiménez proyecta la construcción de su tienda “Casa Mejicú” en calzada de Tlalpan, Coyoacán. Transcurría el año de 1966 y con ello inicia la nueva historia de la tienda, la cual desde un principio mantuvo el espíritu innovador de su fundador y hoy en día marca las nuevas tendencias de decoración contemporánea mexicana que ha desarrollado la administración actual de Casa Mejicú. Así mismo se revela como un referente indiscutible en la ciudad para quienes buscan lo mejor del arte en productos terminados, no sólo de Oaxaca, sino de todo México.

 Se trata de la boutique “Casa Mejicú” en la capital del país, un espacio que tiene una colección innumerable de piezas artesanales mexicanas a la venta de todos aquellos, especialmente turistas nacionales y extranjeros, que deseen llevar a sus casas una parte de la historia de México.

Pero más allá del negocio, la intención principal de Casa Mejicú es promover el arte y la cultura a través de las artesanías creadas por los artesanos, como lo señaló el encargado de cortar, el listón de reinauguración, Miguel Torruco Marqués, secretario de Turismo de la Ciudad de México: “es importante que la producción artesanal deje de ser sinónimo de pobreza, como a veces se le asocia, y que el trabajo del artesano sea valorado y su talento y creatividad para que obtengan una justa retribución económica”.

Antojitos mexicanos y música en vivo de marimba, acompañaron a los casi 100 asistentes que acudieron al acto protocolario.

Figuras de barro negro, cartonería, alebrijes, joyería de oro y plata, muebles artesanales, trajes típicos, accesorios corporales, juguetes de trapo, utensilios de piedra, efigies de madera tallada, grabados, bordados y un sinnúmero de objetos y técnicas más, se podrán encontrar al interior de esta tienda, ubicada en Calz. de Tlalpan # 2191 Col. Ciudad Jardín Coyoacán.

Casa Mejicú nace en 1922 en la ciudad de Oaxaca, cuando con la intención de mejorar su economía familiar, la familia Jiménez Gil comenzó a comercializar la loza de margaritas que fabricaba en su alfarería en el Casco de la Hacienda de Aguilera, Ciudad de Oaxaca, sin pensar que ese negocio los llevaría a expandirse y llegar a la Ciudad de México en 1947. Desde entonces a la fecha, cinco generaciones se han encargado de cuidar el negocio, convirtiéndose así, en un referente en cuanto a promoción y preservación de las artesanías mexicanas.

Actualmente, Casa Mejicú está dirigida por las hermanas Patricia e Irma Jiménez Díaz, la primera, es la directora general, mientras que la segunda, es la encargada del área comercial.

Hoy Casa Mejicú es dirigida por su 4ª y 5ª generación, quienes han desarrollado el concepto de la decoración contemporánea mexicana, en donde fusionan el arte tradicional con las tendencias de vanguardia, generando una nueva propuesta de decoración mexicana de calidad y buen gusto. Esto lo logran visitando a artesanos indígenas, artesanos urbanos, diseñadores, artistas, talleres familiares, y pequeñas empresas. Casa Mejicú trabaja con alrededor de 250 comunidades de artesanos en el país, apoyando así a su desarrollo y preservación de las técnicas artesanales ancestrales.

Casa Mejicú actualmente cuanta con su tienda en línea cómo: www.casamejicu.com, en Amazon en la sección de Hand Made. Cuenta con redes sociales como Instagram, Facebook, Pinterest.

jueves, 9 de julio de 2020




¿CÓMO VIVEN LA PANDEMIA LOS ARTISTAS?

Teatros cerrados, conciertos cancelados: las instituciones culturales han sido duramente golpeadas por la crisis del coronavirus. Aquí informan tres profesionales de la cultura.

Denise, Asistente independiente de diseño de vestuario para teatro

"Desafortunadamente, el teatro tal como lo conocemos no puede tener lugar bajo las presentes circunstancias. Creo que cada vez habrá más alternativas digitales que pueden ser transmitidas por Internet. Algunas producciones se realizan ya solo para una audiencia virtual. Pero creo que el teatro se nutre del momento compartido, de la interacción entre actores y el público, juntos, en una sala. El efecto que una orquesta y la gente en el escenario tienen sobre el público no puede ser reproducido online dentro de las propias cuatro paredes.

Espero que la ausencia de todo el sector permita que la gente se de cuenta de lo importante que es la oferta cultural, como el teatro, los conciertos y la ópera. Espero que encontremos nuevas formas de apoyar a artistas e instituciones culturales, si la situación no cambia a largo plazo".

Tim, Músico independiente

"Mi día de trabajo antes del coronavirus era muy variado. Toco en una banda, pero también compongo música para teatro. Cuando trabajas en el teatro, hay períodos de ensayo durante varias semanas. Con la banda a veces teníamos numerosos conciertos a la semana, o a veces ninguno durante un corto tiempo - ahora no hay ninguno.

Los músicos apenas obtienen ingresos de la venta de su música ya que los servicios de streaming y las plataformas de música en línea se han vuelto muy populares. Por eso, las actuaciones en vivo son muy importantes como fuente de ingresos. Tampoco llegan más pedidos para el verano, que es nuestra temporada alta. Ahora nosotros, como muchos otros artistas y profesionales de la cultura, estamos en el aire y no sabemos cómo continuará todo".

Christina, Asistente de diseño de vestuario para cine

"Como asistente de diseño de vestuario, estoy constantemente de viaje", en la fase de preparación previa al rodaje, ocupada de la adquisición de utensilios para determinadas escenas. Por eso la crisis del coronavirus ha cambiado completamente mi día de trabajo. Naturalmente tenemos que mantener la distancia y las medidas de higiene, lo que es especialmente difícil durante las pruebas de vestimenta. Nosotros y los responsables de guardarropa somos quienes vestimos a los actores. Pero eso es difícil respetando las reglas de distancia. No es algo dramático si se trata de ropa normal de uso cotidiano, pero sí en caso de pesada ropa de danza. También los guiones fueron parcialmente reescritos y adaptados a las medidas de contención del coronavirus. Filmar una escena de amor a distancia puede ser todo un reto, por ende se trabaja mucho con diferentes ángulos de cámara para respetar las reglas, pero manteniendo la apariencia de normalidad en la película".

lunes, 1 de junio de 2020





NOAM CHOMSKY EXPLICA LA FORMA SUTIL DE CONTROL MENTAL QUE PERMEA NUESTRA SOCIEDAD

"La forma inteligente de mantener pasivas a las personas y obedientes es limitar estrictamente el espectro de la opinión aceptable, pero permitir un airado debate dentro de este espectro -incluso fomentando puntos de vista críticos y disidentes [dentro de este límite]-. Esto le da a las personas la sensación de que hay un libre pensamiento aconteciendo, pese a que todo el tiempo las presuposiciones del sistema están siendo reforzadas por los límites impuestos en el espectro del debate"

Hasta cierto punto podría parecer evidente que no vivimos en una época totalitaria. Si nos comparamos con las sociedades nazis o estalinistas, seguramente la nuestra saldría bien librada, en términos generales. Incluso se podría pensar, como algunos gobiernos y sobre todo algunas corporaciones nos quieren hacer pensar, que vivimos en la era de la libertad y de la democracia. Con todo, un examen atento de las condiciones en que vivimos puede revelar que los modos de control de las sociedades contemporáneas son, de hecho, más sutiles que en épocas pasadas.

Noam Chomsky es uno de los intelectuales que durante décadas han notado cómo la "democracia" es en realidad una forma de control de la sociedad que reduce los límites del pensamiento y estrecha los paradigmas con que entendemos la realidad. En su libro The Common Good, publicado originalmente en 1998, Chomsky tiene una frase que describe perfectamente lo que vivimos actualmente; escribe el lingüista:

La forma inteligente de mantener pasivas a las personas y obedientes es limitar estrictamente el espectro de la opinión aceptable, pero permitir un airado debate dentro de este espectro -incluso fomentando puntos de vista críticos y disidentes [dentro de este límite]-. Esto le da a las personas la sensación de que hay un libre pensamiento aconteciendo, pese a que todo el tiempo las presuposiciones del sistema están siendo reforzadas por los límites impuestos en el espectro del debate.

Un famoso ejemplo de esto en Estados Unidos es el debate que se da en la sociedad entre republicanos y demócratas, en el que no sólo se asume que son las únicas dos opciones, los dos límites del espectro de la política, también se presupone que son realmente visiones distintas, cuando  en realidad, según Chomsky, son casi siempre la misma ideología vestida diferente para sólo generar dicha sensación de polémica y crítica.

En otra parte, Chomsky llama a este fenómeno la "oposición controlada". A este respecto pongamos por caso las redes sociales, donde las personas se enfrascan en airados debates bajo la impresión de estar ejerciendo su libertad de expresión con el más amplio criterio de libre pensamiento, sin notar que los mismos medios digitales son una burbuja que constriñe enormemente los límites del pensamiento; no sólo lo aceptable (lo políticamente correcto) sino lo pensable, pues "el medio es el mensaje".

jueves, 14 de mayo de 2020





LOS PAÍSES MÁS LIBRES DEL MUNDO

La organización no gubernamental Freedom House ha publicado su ranking de libertad en los diferentes países del mundo según datos de 2019. La metodología de este organismo se basa en la Declaración Universal de los Derechos Humanos de la ONU de 1948, sugiriendo que esta aplica para todos los países y territorios, definiendo al ser humano universalmente en torno a una serie de valores como la democracia y los derechos civiles. Opera bajo la asunción de que "la libertad es mejor lograda dentro de sociedades democráticas sociales". Sobre esta definición hay mucho que decir, pero primero veamos los resultados. Los primeros en la lista tienen puntaje perfecto.

1. Finlandia (100 puntos)
1. Suecia
1. Noruega
4. Canadá (99 puntos)
4. Holanda
6. Nueva Zelanda  (98 puntos)
6. Dinamarca
6. Luxemburgo
6. Australia
6. Uruguay
11. Irlanda (97 puntos)

Después de estos 11 países siguen otros como Portugal, Suiza, Japón, España, Chile, Estonia, Alemania, Costa Rica, Francia y numerosas islas, todos con puntajes superiores al 90%. México tiene un puntaje de 63%, el mismo que Ecuador y sólo inferior a Venezuela, Honduras y Guatemala en América. Estados Unidos tiene 86% y un país como Rusia sólo el 20%, mientras que China está entre los últimos lugares, con 11% (si bien, varios países africanos e islámicos tienen peores evaluaciones).
En suma, este ranking evalúa sobre todo la democracia y el ejercicio de derechos individuales civiles, bajo la premisa de que los derechos y la democracia son equivalentes a la libertad. La libertad es meramente un asunto político e incluso un asunto limitado a una visión política única. Aunque no hay duda de que la evaluación tiene algo de sentido: las personas en países escandinavos, por ejemplo, ciertamente alcanzan también los primeros sitios en rankings de bienestar.

Pero cabe preguntarse si su definición de libertad no es muy estrecha. ¿Acaso la libertad no es también filosófica y no política? Evidentemente estas dos no tienen necesariamente por qué entrar en conflicto, pero uno se pregunta si realmente una persona es más libre en Estados Unidos (85 puntos) que en países como Nepal (54) o Nigeria (50), por poner dos ejemplos, donde si bien las personas no tienen tanto acceso a numerosos derechos, objetos de consumo y demás, por lo menos tienen mayor continuidad con una vida tradicional, con su propia cultura y con la naturaleza. Y donde, además, no son objeto de un constante adoctrinamiento mediático.

Lo que se muestra aquí es que la libertad en nuestra época ha sido definida como libre albedrío y mero ejercicio de derechos, sin contemplar ninguna sutileza y sin concebir la posibilidad de que la libertad sea algo más que sólo el puro ejercicio indiscriminado de la voluntad. Es decir, que no sea sólo querer y poder decidir, sino saber qué querer y qué decidir; y no sólo la proliferación de los derechos sino la capacidad de asumir responsabilidades; incluso, tener acceso a una dimensión no sólo política sino espiritual de la existencia, para lo cual es necesario vivir en un medio cultural y social propenso a esta dimensión de la existencia y no meramente en uno que garantice derechos individuales. Existe una dimensión colectiva de la libertad que no es meramente la suma de las posibilidades de ejercer la libertad individual, sino el resultado de buenas elecciones. Esto es, por supuesto, un tema complejo, sobre el cual puede leerse en este artículo, en el que discutimos estas visiones de la libertad.

En este enlace se puede consultar la lista completa de países y su grado de libertad: https://freedomhouse.org/countries/freedom-world/scores

jueves, 19 de marzo de 2020




LA HISTORIA DEL PALACIO DE BELLAS ARTES

Por Patricia Cordero

Luego de ser considerado como “la tumba de millones de pesos arrancados a la Nación”, porque no se lograba terminar su edificación, el Palacio de Bellas Artes a sus 81 años es considerado la máxima casa de la cultura en México.

Tres décadas tardó la construcción del edificio, desde que se puso la primera piedra el 1 de octubre de 1904, hasta el 10 de marzo de 1934, cuando se dieron por terminadas las obras.

Durante este tiempo el recinto de mármol fue testigo de “una transformación radical de la sociedad” que se refleja también en su arquitectura, según relató el escritor José Gorostiza, en un informe escrito a petición del ingeniero Alberto J. Pani y el arquitecto Federico E. Mariscal.

Este texto se presentó en 1934 a Marte R. Gómez, entonces secretario de Hacienda y Crédito Público, para dar cuenta de la culminación del inmueble; su reproducción facsimilar fue publicada en 2007, en una coedición de Siglo XXI Editores y el Instituto Nacional de Bellas Artes.

Gorostiza destaca tres épocas constructivas del Palacio de Bellas Artes, las cuales “corresponden exactamente a tres fases del desarrollo político” de ese tiempo, a decir del autor de Muerte sin fin.

EL PROYECTO DE ADAMO BOARI

La primera comienza en 1904 cuando Porfirio Díaz encarga su construcción, la cual estaba planeada para ser concluida en 1910 y así formar parte de las obras con las que se celebraría el centenario de la Independencia.

“En todo el edificio, pero señaladamente en el exterior, quedó inscrito mucho del espíritu de esa época su confianza ciega, su inconsciente banalidad, su bienestar sin raíces, su gusto por la ornamentación ostentosa y complicada”, dice en el informe.

Asimismo, el proyecto se originó para restaurar el antiguo Teatro Nacional, antes Teatro Santa-Anna, y que se encomendó al arquitecto italiano Adamo Boari, autor también del Palacio de Correos, ubicado justo en frente.

Gorostiza cuenta que Boari estimó el costo del edificio al compararlo con teatros como los de Dresde, Budapest y Frankfurt.

En ese entonces, se previó que costara 28 pesos por metro cúbico, con un presupuesto total de 4 millones 200 mil pesos, de los cuales Boari recibiría 4 por ciento como honorarios. Pero, lo construido hasta 1913, que era apenas la mitad, requirió una inversión de 12 millones de pesos.

El hundimiento evidente del palacio viene desde su edificación, “por un error consistente en cargar más de dos kilos por centímetro cuadrado, excediendo considerablemente en esta forma el coeficiente de la resistencia del subsuelo”, señala Gorostiza.

Para intentar subsanar esta situación, hasta agosto de 1911 se habían aplicado 20 inyecciones de una mezcla de cemento y lechada de cal de grasa, que sumó 950 toneladas de cemento.

El mármol del basamento proviene de Tenayo, Morelos y las canteras de Buena Vista, Guerrero, en los que se invirtieron más de 800 mil pesos de aquél entonces.

Las columnas pilastras, balcones y demás ornamentos de mármol blanco de Carrara, que costaron 1 millón 200 mil pesos. Las esculturas y detalles en mármol y cobre de la fachada e interiores, fueron encomendadas a escultores como Leonardo Bistolfi, Gianetti Fiorenzo, Geza Maroti y Agustín Querol.

El icónico telón de cristal, que pesa 22 toneladas, fue realizado en quince meses por los Tiffany Studios de Nueva York, y costó tan sólo 95 mil pesos de aquella época.

INTERRUPCIÓN POST REVOLUCIONARIA

Gorostiza distingue una segunda etapa a partir de 1913, año en que se interrumpe la construcción hasta 1932. “Varias veces se intentó continuar la obra, pero puede decirse que en este largo periodo sólo se atendió en realidad a conservar lo construido”, indica el autor.

Sin embargo, en 1919 el entonces Presidente Venustiano Carranza propuso reanudar los trabajos, dirigidos por el arquitecto Antonio Muñoz G, con el fin de que la sala de espectáculos pudiera utilizarse el año siguiente, en que el mandatario murió y se tuvieron que interrumpir de nuevo.

Casi una década más tarde, a petición de Eduardo Hay, subdirector de Comunicaciones y obras públicas, se abrió una convocatoria para dar fin a las obras, “sobre la base de abandonar todo propósito de lujo”.

Entonces se dedicaron a adecuar el exterior que estaba casi terminado, con lo que se arreglaron los jardines, se pavimentó la terraza del pórtico con losas de mármol y de granito noruego que se tomaron de las obras del Palacio Legislativo, mientras que al interior se acondicionaron los palcos de la sala de espectáculos.

En 1930 se encomendó al arquitecto Federico Mariscal un proyecto para la terminación del inmueble, pero al año entrante se declaró “en suspenso”, por no incluir en los ingresos de ese año el millón de pesos que se necesitaba.

La Concreción De Un Sueño

La última fase se ubica entre 1932 y 1934, cuando adquiere el nombre de Palacio de Bellas Artes, para ser un espacio incluyente que abarcara todas las disciplinas artísticas, como el arte popular y la literatura.

Mariscal modificó el proyecto original de Boari “por ciertos errores que determinaron su excesivo costo”, además de que ya tenían la herencia de la época porfirista.

Entonces se propuso que el Palacio de Bellas Artes se integrara por el Teatro Nacional –hoy la Sala Principal–, un Museo de Artes Plásticas, una sala de conferencias, una sala de exposiciones temporales, el Museo del Libro y Biblioteca, el Museo de Artes Populares y un restaurante.

Durante esta época, Pani adquirió varias obras en Londres, entre las que se encuentran Adán y Eva de Lucas Cranach el viejo, y San Simón de Velázquez.

La inversión en estos años fue de 6 millones 501 mil 868 pesos, con lo que se adquirió el mobiliario, el servicio telefónico y el material de construcción necesario, entre otros.

El Palacio de Bellas Artes fue inaugurado el 29 de septiembre de 1934 por el entonces Presidente Abelardo L. Rodríguez. Esa noche se presentó La verdad sospechosa de Juan Ruiz de Alarcón, interpretada por la compañía de María Tereza Montoya.